domingo, junio 16

«Cuando piensas en motores lo primero que te viene a la mente es España»

Nasser Al-Attiyah Es el piloto qatarí de 52 años que lo ha ganado todo en el mundo de los rallyes: cinco Dakars, diecisiete Rallyes de Oriente Medio, cinco Campeonatos del Mundo de Rallyes Cross-Country, dos Campeonatos del Mundo de Rally-2 y un Campeonato Mundial de Rallyes de Producción. Sin embargo, el interés que despierta a nivel internacional la figura de Al-Attiyah, que tiene un trofeo del Dakar más que Carlos Sainz, es fruto, además de su habilidad al volante, de sus peculiaridades. Decidió llevar al ámbito profesional una de sus aficiones, el tiro al plato, deporte en el que ganó una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Además, proviene de una de las familias más privilegiadas de Qatar; Su primo es el actual Emir del país, su padre fue Ministro de Energía y él mismo goza del título y trato de príncipe. Y para colmo, en 2019 construyó el ‘Nasser Racing Camp’ en una finca que él mismo compró en Castellfollit del Boix (Barcelona), un complejo de circuitos de todo tipo donde entrena él y sus invitados.

–¿Qué vio en Cataluña para decidirse a establecer aquí el ‘Nasser Racing Camp’?

–Hace mucho tiempo que quiero tener un lugar donde poder disfrutar con mi familia y amigos mientras entreno. Mis compañeros siempre me hablaban de lo buena que es la vida en Barcelona, ​​por eso en 2019 vine por primera vez a esta gran ciudad y descubrí en esta comarca (Bages) las características perfectas para poder construir un lugar donde entrenar y pasar tiempo con mis seres queridos. . La idea del ‘Racing Camp’ llegó más tarde. Quería ir más allá del disfrute personal y utilizar este proyecto para dar más oportunidades a mi equipo y al resto de pilotos, hasta el punto de que muchas otras empresas han venido a probar nuevas tecnologías en nuestras instalaciones.

–¿Cuándo y cómo empezaste a conducir?

-A los trece años. Vivía en un pueblo muy pequeño de Qatar donde no hay policía, así que no hubo ningún problema… Fue en esa época cuando me enamoré de los motores.

–¿Qué ha supuesto para su carrera que su familia goce de una situación socioeconómica tan privilegiada?

–Siempre he trabajado para mí y siempre me he insistido en tener mi propia vida, fuera de todo lo que es mi familia. Con mucho esfuerzo y la ayuda del Gobierno qatarí he conseguido hacer una gran carrera en el lateral.

–Ahora que has podido vivir en España, ¿qué opinas de la vida española y sus diferencias respecto a la vida qatarí?

–Todos los qataríes vienen a su país y se sienten como en casa. Aquí nunca te aburrirás, al sur tienes una de las costas más hermosas del mundo y al norte una larga cadena de montañas y vegetación. Además, es eso mismo, la variedad de ecosistemas, lo que hace de España un gran país para los deportes de motor y sobre ruedas.

En España hay un debate abierto sobre el papel del país respecto a los inmigrantes. ¿Qué opinas del trato que damos a quienes emigran a España?

–El trato es inmejorable, sin duda. España goza de una combinación fabulosa para los extranjeros: una ubicación perfecta y, además, la hospitalidad de sus habitantes. Esta ecuación convierte a España en el país de Europa más atractivo para vivir para mí.

–¿Y sobre el motor en España?

–Admiro la cultura del motor que hay en España, el amor que hay por la Fórmula 1, Moto GP, el Dakar… y las grandes personalidades que han reinado y reinan en lo más alto de estos deportes. Cuando piensas en motores lo primero que te viene a la cabeza es España.

A sus 52 años ha conseguido ganar cinco veces el Dakar. ¿Cuántos crees que puede ganar de aquí a cuando se retire?

–No me gusta ponerme límites numéricos, pero estoy seguro de que aún puedo darle muchas más victorias a mi equipo y a la gente de mi país.

El ‘Nasser Racing Camp’, el complejo del circuito de pilotos qataríes en Castellfollit del Boix

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–Ganó el primer Dakar en 2011 y se dio a conocer internacionalmente. ¿Cómo ha cambiado su vida desde aquel triunfo?

–Para todos los que siguen el Dakar fue una sorpresa que ganara un piloto qatarí. Somos poco más de 2,8 millones de qataríes (en ese momento 1,7), y siento que con esa primera victoria el mundo vio el potencial de nuestro país en el motor, lo que hizo que el gobierno comenzara a apoyar este talento. De hecho, cuando gané el primer Dakar (2011), ni Qatar tenía embajada en Argentina, por ejemplo, ni Qatar Airways ofrecía vuelos a Buenos Aires. Pero, tras mi victoria, tanto el gobierno qatarí como la aerolínea vieron el interés de nuestro país en Sudamérica y decidieron abrir la embajada y una aerolínea para fortalecer las relaciones entre ambas naciones y continentes.

–Suele dedicar sus triunfos a Qatar y ha declarado en varias ocasiones el amor que le tiene a su país. ¿Qué papel crees que debería jugar el patriotismo en el deporte?

–Uno fundamental. En mi caso, por ejemplo, cuando comencé a ganar títulos me di cuenta del furor con el que mis compatriotas me apoyaban, dado que mi país nunca había tenido un piloto de alto nivel. Entonces me propuse ser el mejor atleta de Qatar. Es vital recordar siempre a nuestro pueblo. Sentir que puse a Qatar en el mapa y lo di a conocer a mucha gente es algo que no tiene precio. El gobierno también me agradece todo mi trabajo y eso tiene mucho valor en mi país.

–Qatar y Arabia Saudí, donde suele celebrarse el Dakar, son países muy aristocráticos. ¿Qué importancia tienen las relaciones entre familias en el desarrollo de las actividades de la zona?

–Para nosotros, el sentido cultural de familia es vital para preservar la cultura. Y, por supuesto, las relaciones entre familias también juegan un papel relevante en las carreras.

Otra de sus pasiones es el tiro al plato. ¿A qué dificultades te enfrentas a la hora de compaginar ambos deportes?

–Es una relación de conveniencia mutua. El tiro me ayuda mucho en las carreras, sobre todo en el aspecto psicológico. Me aporta una alta capacidad de concentración y consolida mentalmente el valor de la precisión. Por otro lado, los peloteos me ayudan a estar fuerte físicamente, que es algo fundamental en el tiro, mucho más importante de lo que se suele pensar, por las horas que puedes pasar de pie.

¿Qué espera de los Juegos Olímpicos de París 2024, a los que ya se ha clasificado?

–Serán muy duros. Entiendo que hay mucha gente que no está muy metida en el mundo del rodaje, pero hay una nueva generación joven que está llegando con mucha fuerza. En cualquier caso, me aferraré a la experiencia para intentar ganar otra medalla.

¿Por qué prefiriste en este último Dakar ganar etapas y salir primero, con las dificultades que implica abrir camino, en lugar de quedar en otra posición y recortar, que suele ser lo más habitual?

–Para mí siempre ha sido fundamental ganar. En cualquier caso, por ejemplo, este último Dakar (2024) estuvo muy marcado para nosotros por las averías, y tras las primeras etapas las posibilidades de ganar el campeonato se redujeron notablemente, así que me desesperé. Pero más allá de eso, ganar, por muchas dificultades futuras que suponga, siempre es satisfactorio.

Tuviste que abandonar el Dakar 2024 por un fallo en el motor de tu Dacia, marca con la que firmaste a finales de 2023. ¿Sigue intacta tu confianza con ellos?

-Claro. Siento que esta es la marca perfecta y la que nos da más posibilidades de ganar el próximo Dakar.

Este año decidió debutar en la modalidad mixta que utiliza motores eléctricos Extreme-E. ¿Qué te llevó a tomar esta decisión? ¿Crees que esta modalidad se desarrollará con el paso de los años?

–Sólo quería probar algo nuevo. Mi agenda es tan agitada que sólo pudimos participar en una carrera. Hay que darle tiempo a esta forma de correr. El tema de los motores eléctricos es muy nuevo, y seguramente se acabarán implementando los motores de hidrógeno también. Es una forma de dar oportunidades a más personas y hacer crecer el deporte del motor.